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EL SACRIFICIO DE CARRIÓN: UN EXPERIMENTO EN LA ENCRUCIJADA DE LA CIENCIA, LA NACIÓN Y LA MEDICINA PERUANA

El 27 de agosto de 1885 Daniel Alcides Carrión García, un joven estudiante de medicina de 28 años, inicia un auto experimento para demostrar...

10/05/2009

UN DÍA COMO HOY: Lunes 05 de Octubre de 1885

Diario de Daniel A, Carrión

Por la mañana, 7h. 15 m. 36º8 (118 p. 24 r). La inteligencia se ha perdido casi completamente; de vez en cuando llama a alguno de los amigos que lo rodean, y una vez cerca de él, nos mira indiferente como si no nos conociese. La palabra es más y más ininteligible; continúa la carfología y el crocidismo.

A las 10 a.m. una deposición.
Otra deposición a las 11. h.
A las 12¼ 35.9º. (115 p. 26 r). El resto del día lo ha pasado en el mismo estado.

A las 9 y 20 37.1º (120 p. 26 r). Desde hace algunos instantes ha entrado en coma interrumpido de rato en rato por quejidos entremezclados con palabras incomprensibles; pocos instantes después pronuncia con bastante claridad la siguiente frase: “Enrique C’est finit” para no volver a hablar más. Las pupilas están dilatadas, pulso filiforme y apenas perceptible, poco á poco aparece el estertor traqueal; después de tres o cuatro inspiraciones lentas y superficiales, se sigue una pausa espiratoria, cada vez más prolongada.

A las 11½ lanzó un último suspiro breve y profundo, que fue para los que le rodeaban la señal de que este mártir al abandonarnos, iba a ocupar en lo infinito el sitio que el Todo Poderoso tiene reservado para los que como él ejercen la mayor de las virtudes: la Caridad


10/04/2009

UN DÍA COMO HOY: Domingo 04 de Octubre de 1885

Diario de Daniel A, Carrión

Por la mañana 36.3º (100 p.) El pulso se ha modificado notablemente; se presenta hoy duro y regular. Piel ligeramente caliente. El sobresalto de tendones se ha extendido á las extremidades inferiores. Es acosado por necesidades frecuentes de orinar, siendo la orina clara.

A las 11 a.m. nos manifestó su deseo de trasladarse al Hospital Francés, porque habiéndole hecho presente los SS. Médicos que era de necesidad practicarle en ese día la transfusión sanguínea, comprendió perfectamente era mejor se la hicieran en ese establecimiento. Procedimos a vestirlo y colocarlo en un sofá, mientras se preparaba la camilla que debía conducirlo. Pide un cigarro, lo fuma tranquilamente y al anunciarle pocos momentos después que todo estaba listo, se dirige al señor Izaguirre, alumno de primer año de medicina, con estas solemnes palabras: “aun no he muerto, amigo mío, ahora les toca a UU, terminar la obra ya comenzada, siguiendo el camino que les he trazado”.

Abraza en seguida á su respetable madrina, recomendándole oculte su verdadero estado á su querida madre, dirige una última mirada á esa casa hospitalaria, mudo testigo de sus sufrimientos, se le escapa una lágrima furtiva y cae desmayado en brazos de sus amigos.

A los pocos instantes vuelve en sí y es colocado en la camilla que debe conducirlo á la “Maison de Sante”. Una vez en este lugar, saluda afable a los numerosos amigos y condiscípulos que sucesivamente vienen llegando: solicita alimentos y en fin manifiesta continuamente su deseo de que le operen cuanto antes. Parece pues que los primeros momentos de permanencia en esta casa le hubieran hecho experimentar una reacción ó mejor dicho, una mejoría notable.

Preocupado con el resultado de la junta que en esos momentos acababa de reunirse pregunta á los que le rodean, si estaba ya resuelta la transfusión, que en su opinión era la única tabla salvadora que le quedaba. Grande fue su contrariedad y desaliento cuando supo que la consulta había dado por resultado aplazar la operación; tanto más, cuanto según decía, era el único móvil que tuvo para resolverse a abandonar una casa donde hubiera preferido concluir sus días.

En efecto, para el caso casi seguro que se tenía de que la transfusión iba a tener lugar ese mismo instante, todos se hallaba preparado: un transfusor de Oré, que el Dr. Villar había llevado, esperaba listo para funcionar á la cabecera del enfermo, y uno de sus compañeros decidido á dar las onzas de sangre necesarias que quizás salvarían al amigo; pero todo se postergó. Muy poco duró a Carrión la saludable y pasajera reacción que hemos dicho; volviendo en pocos instantes al decaimiento y postración de los días anteriores. La voz se ha hecho más apagada y las palabras muchas veces no se entienden. La inteligencia va apagándose progresivamente.

Los movimientos algo extensos, así como los más ligeros, le son imposibles de practicar. Su impotencia para poder cambiar de posición en el lecho, le ha obligado, muy a su pesar, a hacer uso de soleras. Ha hecho dos deposiciones precedidas de retortijones y borborigmos.

Noche 36.6º (100 p.) Se inicia con una gran agitación y ansiedad. Balbucea palabras incoherentes. A la una de la mañana presenta carfología. A las dos un delirio completo y divaga sobre la anatomía patológica de la verruga y las distintas opiniones que hay a este respecto.

Se presenta el fenómeno (que se designa con la expresión de liar el petate), sin embargo, obedece a la indicación que se le hace de no fatigarse hablando demasiado; se pasa frecuentemente la mano por los ojos, como quien procura quitarse algo para ver mejor.

La piel está casi fría y el pulso se pone más pequeño y depresible.

A las 3 a.m. continúa la excitación. La respiración es difícil y á veces quejumbrosa. Media hora después concilia el sueño, hasta las 4 a.m. en que ha hecho una deposición líquida y verdosa. A las 5 a.m. se ha levantado un poco el pulso.

Continuó este tratamiento: hasta las 12 a.m. en que fue trasladado a la Maison de Santé, donde se reunió á los pocos momentos de su llegada, una Junta, formada por los DD. Villar, Romero, Flores y Chávez. No obstante la opinión de la mayoría de la Junta, en favor de la transfusión sanguínea, fue aplazada la operación para el día siguiente, quedando sometido el enfermo al tratamiento siguiente:

Inyecciones intravenosas de ácido fénico y 20 centigramos de albuminato de fierro cada 2 horas; se continuaron además las inhalaciones de oxígeno y las pulverizaciones de ácido fénico; como tisana, agua gaseosa y como alimentación, caldos y polvos de carne. Tal fue la última medicación que se opuso a la enfermedad de Carrión, cuya historia acabamos de describir a grandes rasgos.

10/03/2009

UN DÍA COMO HOY: Sábado 03 de Octubre de 1885

Diario de Daniel A, Carrión

Temperatura 36.7º, 120 p. Agravación considerable de todos los síntomas que marchan acentuándose de la manera más rápida. La repugnancia por el medicamento ha hecho necesaria su suspensión. Han habido tres evacuaciones, seguidas de una postración tan considerable que se parece al colapsus. En la mañana de hoy se presentó a verle el Dr. Flores, quien examinó la sangre del enfermo al microscopio, notando que los glóbulos rojos se encontraban deformados é hinchados; su número contado y rectificado, era de un millón ochenta y cinco mil por milímetro cúbico; los leucocitos aumentados relativamente á los hematíes. Indicó este facultativo lo conveniente que sería la traslación del paciente á un lugar más higiénico; esta oportuna indicación no la recibió Carrión con agrado, pues durante todo el día se manifestó preocupado, vacilante entre abandonar la casa de la señora que con solícito cariño lo asistía, á la que profesaba el amor y respeto que á una madre, ó privarse de las innegables ventajas que este cambio de local le reportaría. Aplazó su salida para más tarde.

En la noche 37.7º (120 p.) Agitación extrema, cambia casi continuamente de posición; pulso blando e irregular, pequeño estremecimiento vibratorio de las arterias del cuello. La lengua está pegajosa y seca. Es inextinguible la sed, solicita bebidas ácidas, hallando en el agua con vino una bebida deliciosa, pues asegura no haber tomado nunca una tisana tan agradable; siendo de advertir que es la única que por más tiempo ha podido soportar, lo que no ha sucedido con las otras que se le han administrado, tales como: limonadas de jugo de limón, agua albuminosa, gaseosa ó con cognac, que sucesivamente se le ofrecían. La ingestión de sustancias que contienen alcohol, aumenta considerablemente la excitación y manifiesta entonces deseos de conversar.

Cuando se encuentra solo habla de su familia y de su situación, terminando por decir: “Sí, lo que tengo es la fiebre de la Oroya, aquella fiebre de que murió Orihuela; mejor es no pensar en esto, fumemos un cigarro”. Después de haberlo torcido, lo enciende con alguna dificultad, por la gran agitación de su mano; fumándolo en seguida hasta la mitad, lo arroja, y al cabo de un instante creyendo tenerle todavía, lleva su mano á la boca y la retira rápidamente al notar su engaño, haciendo un gesto de disgusto. Cinco veces se ha repetido esta escena durante la noche.

A la mañana siguiente nos manifestó que se encontraba mejor, por cuanto había podido fumar cinco cigarros, pues en la noche anterior no fumó sino tres. Interrogado acerca de lo que siente, acusa decaimiento, manifiesta deseo de levantarse, “puesto que, nos dice, me incorporo ahora sin dificultad”. Dolor ligero en el hipogastrio y en las regiones precordial y sacra. Se queja del insomnio por las molestias que le produce, pareciéndole por esta causa la noche demasiado larga y busca en la luz y conversación medios para distraerse.

La inteligencia conservada, la voz un tanto difícil, lenta y a veces muy apagada. La respiración muy irregular, después de tres ó cuatro inspiraciones amplias y ruidosas, son seguidas de algunas cortas y débiles. La piel seca y fría. Las deposiciones han sido en número de ocho. Hay incontinencia de orina que es abundante.

La ingestión de leche con agua de cal es muy pronto seguida de una deposición espumosa, fétida, compuesta de un líquido mucoso y de fragmentos de color negro adherentes al depósito. Cada defecación es precedida de un fuerte dolor de vientre, que desaparece una vez que se ha efectuado.


Los vómitos que provocaba la ingestión de la Limonada Rusa, así como las diarreas que al mismo tiempo aparecieron, motivaron el cambio de medicación, que quedó reducida á lo siguiente: Salicilato de bismuto, 2 gramos, dividido en 6 papeles, uno cada 2 horas. Albuminato de fierro, un gramo, en 5 papeles, 1 cuatro veces al día. Como tisana, agua gaseosa, nieve, helados, agua albuminosa y en fin agua con vino, que ha sido la mejor soportada.

10/02/2009

UN DÍA COMO HOY: Viernes 02 de Octubre de 1885

Diario de Daniel A, Carrión

Por la mañana 37º (115 p.) Continúan acentuándose los síntomas anteriores, la posición vertical de la cabeza es ya insostenible, pues inmediatamente sobreviene un fuerte vértigo que le hace abandonarla. Durante el día ha tenido dos deposiciones copiosas y negruzcas; por la tarde un vómito. La lengua está seca y áspera, acusa una sed devoradora.

En la noche manifiesta dolores en el hígado, riñones y región precordial. Pulso frecuente, pequeño, blando y depresible. Le molesta grandemente el soplo carotídeo que percibe con mucha claridad. El aspecto de la piel, así como la fisonomía particular que ofrece nuestro enfermo, es notable. Además de la sequedad y palidez extrema de la primera se observa un tinte subictérico que unido á su aspecto árido y terroso, le imprimen una gran semejanza, con el que frecuentemente se observa en los enfermos atacados de pirexias infecciosas. Las mucosas y especialmente la gingibo labial completamente descoloridas, semejándose en mucho al color de la cera. El rostro desencajado, los ojos hundidos y rodeados de un círculo negruzco, las mejillas y sienes, completamente deprimidas, la nariz afilada y los pabellones auriculares casi transparentes; ya en su mirada no se nota la penetración y vivacidad que antes le distinguían, manifestándose ahora sombría y como velada; su voz, aún cuando animada todavía por momentos ó tratándose de su enfermedad, ha perdido también la animosidad y entusiasmo de antes.

Con todo, no son bastantes para doblegar su voluntad, ni lo minado de su organismo, ni la gravedad del mal, ni el amor filial, pues se encuentra separado de su madre que se halla también enferma; nada de esto, decimos, es bastante para abatir la serena tranquilidad de esta alma que halla fuerza en su misma debilidad, para oponerse a los peligros que le amenazan, brindándole la ocasión de comprobar la verdad de sus convicciones y mostrarse cada vez más satisfecho de su obra.

En la mañana de hoy, momentos antes de tomar su alimento, notando seguramente la gran debilidad e imposibilidad en que se encontraba para mantenerse sentado por algún tiempo nos dijo: “hasta hoy había creído que me encontraba tan solo en la invasión de la verruga, como consecuencia de mi inoculación, es decir, en aquel periodo anemizante que precede a la erupción; pero ahora me encuentro firmemente persuadido de que estoy atacado de la fiebre de que murió nuestro amigo Orihuela; he aquí la prueba palpable de que la fiebre de la Oroya y la verruga reconocen el mismo origen, como una vez le oí decir al Dr. Alarco”.

Vanos fueron nuestros esfuerzos para disuadirle de su fundada creencia y por más que nos esforzamos en probarle de que los síntomas que presentaba estaban muy lejos de ser los de la citada fiebre, solo obtuvo nuestra argumentación la siguiente respuesta: “les doy a Uds. las gracias por su deseo y siento decirles no conseguirán convencerme de que la enfermedad que hoy me acosa no sea la fiebre de la Oroya; no me arredra la muerte, pues tengo bastante confianza en que los cuidados de Uds. unidos á la asidua asistencia que los médicos me prodigan, sean suficientes para salvarme.”

Se ha presentado una tos ligera; la voz un poco más apagada que antes, lo que atribuye á un poco de helados que tomó hace un instante. La secreción de la orina, que hasta hoy no ha presentado nada de notable, se verifica en pequeñas cantidades, no existiendo ni dolor, ni retención, pues la sonda que á exigencia suya hubo de pasársele dio apenas salida á 4 ó 5 gramos de líquido. Lo notable de todo esto, es que el enfermo acusa necesidades frecuentes de orinar, molestándose bastante cuando ve que arroja tan corta cantidad; atribuyéndolo á una parálisis principiante solicita con insistencia nuez vómica.

Durante la noche hemos podido observar una amnesia verbal de la siguiente forma: cuando á consecuencia de alguna necesidad nos llama, trata como es natural, de explicarnos lo que desea y otras veces lo que siente; pero después de algunas palabras se detiene, por no recordar según dice, la palabra ó palabras que corresponden á la idea. Se desespera y entonces exclama: “no sé por qué me he vuelto tan torpe, pues no puedo ni explicarme”. Ha tenido un vómito y dos deposiciones. El sueño ha sido por demás intranquilo y agitado, no ha podido conciliarlo en el transcurso de esta noche por más de media hora seguida.
Por la mañana, tuvo lugar una junta, compuesta de los Drs. Villar, Macedo y Chávez, que dio por resultado el tratamiento siguiente:
Clorato potasa ………………………….. 4 gramos
Agua …………………………............... 500 “
Tint, percl. Fierro ………………………. 8 “
Acido clorhídrico ……………………….. 10 gotas.
Una copita cada dos horas.
Inhalaciones de oxígeno, [30 litros diarios].
Pulverizaciones de ácido fénico en la habitación.
Régimen alimenticio, el mismo que en el día anterior y además jugo de carne y leche.

10/01/2009

UN DÍA COMO HOY: Jueves 01 de Octubre de 1885

Diario de Daniel A, Carrión


Mañana. 37.2º (106 p.) Durante el día solo ha tenido un vómito, y encuéntrase relativamente, más tranquilo que ayer, se ha hecho aplicar tintura de yodo en el hipocondrio derecho por haberse exagerado el dolor.

El decaimiento y la postración han tenido una marcha tan rápida, que el enfermo no ha podido siquiera sospechar la disminución tan enorme de sus fuerzas en estos últimos días: hasta ayer no más podía descender de su cama, aunque con algún trabajo para satisfacer sus necesidades corporales, pero hoy al hacerlo, después de haberse incorporado con gran dificultad deslizaba ya los pies fuera de su lecho, cuando cae pesadamente sobre él, a consecuencia de un fuerte vértigo, precedido de náuseas, según después nos manifestó. Engañado de su propio estado, cree que una vez pasado el vértigo podrá conseguir su objeto; nuevamente se incorpora, rehúsa nuestro auxilio diciendo que: “en tan poco tiempo creo imposible hayan disminuido mis fuerzas, hasta el punto de no poder sostenerme”. Esta nueva tentativa de Carrión sirvió para desvanecer el engaño en que permanecía sobre la apreciación exacta de su estado, obligándole a reclamar nuestro concurso, cuando después de haber hecho infructuosos esfuerzos no podía ya bajarse de su cama.

Dos deposiciones líquidas y fétidas fueron el resultado del día. Un nuevo síntoma tan alarmante, como de mal augurio hace presagiar el fin que aguarda á nuestro compañero. Hacia el medio día aparece por primera vez el sobresalto de tendones que se manifiesta en las manos y antebrazos, poco sensible al principio, va acentuándose más y más.

La ingestión de los medicamentos, lo mismo que la vista de la comida le provocan como siempre náuseas.

Desea permanecer solo, suplica a las personas que lo rodean no le dirijan la palabra y que hagan presente a las que vengan a visitarle, se halla durmiendo, aun cuando estuviere despierto.

Por la noche 37.4º (110 p.). La ha pasado regularmente, durmiendo algo más que en las noches anteriores y con un sueño relativamente más tranquilo. A la 1 h. a.m. una cámara. No han habido ni náuseas, ni vómitos,

Su tratamiento continúa con Tintura Quina, Id. Valeriana, Id. Lmizcle, Mixtura alcanforada, jarabe de yoduro de fierro y Vino de Peptona, aunque ya no los ingiere completo
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