10/08/2009

CARRIÓN: INVESTIGADOR CIENTÍFICO

Las características del rigor científico de la experiencia de autoinoculación de un patógeno, realizado por Daniel A. Carrión, fueron definidas inmediatamente por sus maestros médicos y condiscípulos.

Asi, durante el sepelio de Carrión, realizado el 07 de octubre de 1885, al pie de su tumba (Cementerio General de Lima, Cuartel Santa Ana, nicho N 185 – C), el Dr. Almenara Butler, expresa lo siguiente:

"Señores:
"No es el cadáver de una existencia cansada, ni la víctima de la lucha incesante de los elementos contra el hombre lo que acabamos de ver desaparecer tras esa lápida; son los restos de un joven audaz de 26 años, que con paso firme y sereno el rostro llama á la puerta de la eternidad, resuelto a penetrar por ella si su empresa sale mal; son los restos de un estudiante de medicina, que contestando al ¡quién vive! que da la ciencia moderna, toma su estandarte y se precipita en la senda desconocida, que para la felicidad de todos iniciaron Villemin, Pasteur, Koch y otros muchos sabios, y que sucumbiendo en la brecha ha dejado inscrito en nuestros corazones y en la historia de la medicina nacional su nombre de DANIEL CARRIÓN.

El progreso y el adelanto que de un siglo a esta parte viene haciendo la Medicina, adquiriendo descubrimiento tras descubrimiento, atenuando las fuerzas ciegas que mortifican la hombre y conservando mejor y por más tiempo la vida humana, ha tocado también á nuestra puerta y ha hallado también hombres, que dotados de un temperamento científico quieran encargarse de hacer, como alguien ha dicho, más justa y más humana la ley de la vida.

A los experimentos en Europa y en algunos Estados de América, sobre el cólera y la fiebre amarilla, enfermedades de esos suelos, á las inoculaciones de Ferran y de Freyre, debían seguir las de las verrugas, enfermedad propia del Perú, y Carrión quiere encargarse de ello, comenzando en sí mismo las inoculaciones, sin esperar ver primero el camino que le trazara la práctica preventiva de la Patología comparada por los efectos de los principios morbosos humanos en los animales inferiores. ¡Brillante aurora del sabio futuro, que realiza en sí mismo la reflexión profunda del inmortal Cuvier cuando dice: “El hombre no será bien conocido si no se le estudia en el hombre”.

No es este el recinto ni la oportunidad de medir las proporciones científicas de la experiencia emprendida en su misma persona, por Carrión; tiene el país centros médicos y profesores distinguidos que hablarán en su oportunidad de tan temeraria empresa, y á ellos queda el encargo de recoger el hermoso legado que ha dejado Carrión con su muerte, para fundar sobre él la historia clínica y patológica de las verrugas en su gran faz de la fiebre de la Oroya.

A nosotros, hermanos en el arte con la noble víctima, solo nos queda por hoy el dolor de llorar tan temprana muerte, lamentándonos que naturaleza tan bien organizada, para el ejercicio del magisterio del médico, haya desaparecido dejando segadas las esperanzas que su familia y el cuerpo médico tenían derecho a abrigar, vistas sus prendas personales y su amor a la ciencia.

Daniel Carrión, tú que has muerto por algo mas grande que el interés material, tú que has sabido honrar á tu patria legando á su medicina el experimento de tu muerte por una enfermedad, que hoy sabemos que es inoculable, recibe allá en la eternidad el galardón de tu empresa humanitaria.

Adiós para siempre, caro amigo y distinguido discípulo”.

Por su parte, su amigo y condiscípulo, el estudiante de Medicina Sr. Manuel I. Galdo, reafirmando, entre otras cosas, el carácter científico de la experiencia de Carrión, expresa:

"Señores:
"Al golpe del rayo que sin cesar atormenta y enluta el corazón de la humanidad ha caído herido nuestro estimado amigo y compañero. Su existencia joven y lozana que ayer no mas era una promesa del porvenir, no es hoy sino la triste reliquia del pasado.

Tan pronto el fatigado viajero reclina la frente bajo la apacible y frondosa copa de la palmera, como a la fúnebre y melancólica sombra del ciprés. Al separarse de nuestro lado en la flor de sus días, nos deja una brevísima pero elocuente lección de su anhelo por contribuir al engrandecimiento de la Medicina Nacional; mediante un acto heroico iluminado por los resplandores de la gloria.

Dotado de un espíritu superior, Daniel Carrión poseía una verdadera modestia, esa compañera inseparable del genio. Tocaba al término de sus labores en la Facultad, siendo su preocupación constante conocer las leyes de una enfermedad alarmante en el suelo de su Patria. Deseaba obtener su primer grado académico y eligió para objeto de su tesis el estudio de ese problema, que por su importancia científica roza con las más arduas cuestiones debatidas en el Mundo Médico.

Resolvió pues, con singular empeño formular en ella el resultado de sus propias observaciones, experimentando en su organización los fenómenos cuya explicación permanecía aún velada en la región de las hipótesis. Pero señores, este designio ha sido abatido por la fatalidad que siempre combate las grandes empresas del hombre. Sin embargo, esa tesis no está incompleta: en las últimas páginas que aun le restaban, se consignará la necrología del autor como la prueba más incontestable de su argumento.

Y vosotros, jóvenes amigos, que habéis venido a sellar la tumba de nuestro compañero con el inestimable homenaje del dolor sincero, notad que no estamos solos en esta mansión solitaria. Ahí está la grandiosa imagen de la ciencia, que ha detenido la marcha de su vuelo triunfante a las puertas de este sepulcro, para consagrar la memoria de la noble víctima que se inmolara por su nombre y grandeza.

Amigo querido: adiós. Duerme tranquilo el sueño de la muerte. Vive feliz la vida de la inmortalidad en el seno de lo Infinito".


Es absolutamente claro, que Carrión realizó un experimento científico. Este tipo de experimento, es la más rica de todas las formas de experiencia humana: añade a la observación el control de ciertos factores con base en supuestos teoréticos y, cuando es preciso, supone medición. El experimento científico, orientado a contrastar ideas, resulta ser propiamente el método experimental. Y el método experimental se considera a su vez frecuentemente como característico de la ciencia moderna.

Carrión realizó un experimento en su propio organismo. Si consideramos que el experimento es aquella clase de experiencia científica en el cual se provoca deliberadamente algún cambio y se observa e interpreta su resultado con alguna finalidad cognoscitiva, es fácil encontrar éstas características en lo realizado por Carrión: En efecto, él provocó cambios en su organismos, a partir de la inoculación a su organismo de muestras sanguinolentas, conjeturando que de esta forma se provocaría la transmisión de la fiebre de la Oroya, a partir de lesiones verrucosas; tuvo la valía de realizar las observaciones hasta los últimos instante de sus fuerzas; con la finalidad de conocer mejor una enfermedad que para entonces constituía un grave problema de salud pública.

Con sus acciones, Carrión cumplió las reglas del enfoque científico en la investigación: Formuló un problema preciso, especificando la unicidad de dos formas clínicas de una misma enfermedad; conjeturó la fundada hipótesis de dicha unicidad, considerando las evidencias disponibles en su tiempo; y, a pesar de estar firmemente persuadido de la validez de sus conjeturas, no declaró su hipótesis plenamente confirmada, al punto de señalar “ (…) ahora les toca a ustedes, terminar la obra ya comenzada, (…)”, dejando en claro que su demostración alcanza una verdad parcial e inconclusa, corroborado por el Dr. Almenara, quien señaló que médicos y estudiantes recogen el legado de Carrión “… para fundar sobre él la historia clínica y patológica de las verrugas en su gran faz de la fiebre de la Oroya.” Con ello también quedó la incognita de por qué se tuvo los resultados que se tuvo y no de otra forma.

Carrión fue un investigador, por que desarrollo un proceso que, mediante la aplicación del método científico, procuró obtener información relevante y fidedigna, para entender, verificar, y aplicar el conocimiento acerca de la verruga peruana y la fiebre de la Oroya.

El Dr. Jorge Alarcón, en su artículo Carrión como Científico: Análisis Metodológico del Experimento de Carrión, busca demostrar exhaustivamente, el carácter científico de la experiencia de nuestro héroe nacional. Leerlo en:

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bVrevistas/anales/v59_n3/carrion.htm

Bibliografía:

- Bunge, Mario. La Investigación Científica. Siglo XXI Editores SA. Tercera Edición 2004. México DF.

- Delgado Matallana, G. Daniel Alcides Carrión, mártir de la medicina peruana, héroe nacional. Asociación de Historia de la Medicina Peruana. Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San marcos, Lima, 2001

- Tamayo y Tamayo, Mario. El proceso de la investigación científica. Editorial Limusa SA. Cuarta edición. 2004. México DF

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